
Cuando la botella llegaba a su fin, tocaba el timbre y el camarero la reemplazaba por una llena. El viejo señor, no tan viejo, daba vueltas alrededor de la gran mesa del comedor, haciendo crujir las articulaciones de sus dedos y cantando el “Dies irae, Dies illa” o el “Kyrie eleison”. Después de dar dos o tres vueltas, apuraba un vaso de vino, lo llenaba de nuevo y esta especie de calesita. se prolongaba durante horas
El buen hombre, que realmente lo era, no escapó a la cirrosis y murió.
Lunes, junio 01st, 2009 | Author: Administrator
Categoría: Vinos, Vinos Tinto
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