Influencia de la madera.
La madera en contacto con el vino le transfiere distintos elementos, entre ellos, los toninos. Estos generan reacciones de polimerización, condensación y precipitación que arrastran coloides y mejoran la limpidez. Como consecuencia se obtienen vinos de color más estable, con aromas mas complejos y mayor carga tánica, lo que facilita la crianza posterior en botella. Además, los toninos otorgan más rugosidad organoléptica y, en determinados casos, podrían endurecer excesivamente el paladar del vino.
Otra característica de la crianza en madera es que a través de sus poros el oxígeno llega al vino, en pequeñas cantidades. Un roble más poroso supone una oxidación más alta, lo que acelera el envejecimiento oxidativo de la crianza. La consecuencia directa de ello es una más rápida estabilización del color por combinación de los antocianos con los toninos a través del etanal que se genera. Por último, otros compuestos que el roble le cede al vino le aportan mayor complejidad aromática (notas de vainilla, clavo, coco, torrefacción, cuero, especias, pan tostado, etcétera). También en este aspecto existen diferencias marcadas por el origen geográfico de la madera. Por ejemplo, el roble americano es más rico en vainillina y en lactonas y, por lo tanto, aporta más aromas de vainilla y de coco que el de origen francés más rico en eugenol y hidroximetilfurfural, elementos que evocan notas de caramelo y almendra tostada. En términos generales, el aumento de las sustancias que dan complejidad aromática al vino en madera es proporcional a la intensidad del tostado y acorde al tipo y procedencia del roble escogido para el proceso.
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Vinificación: una por una.
Son muy pocas las casas elaboradoras que en Champagne se abastecen con fruta propia. La propiedad de la tierra se encuentra tan fragmentada que el promedio de extensión de los predios apenas alcanza a las dos hectáreas. En consecuencia, las grandes bodegas compran buena parte de la uva a distintos productores y como las calidades varían de un viñedo a otro, cada remesa es procesada separadamente.
El primer paso es obtener un vino base por los procedimientos habituales de elaboración de los blancos. Este es singular, porque su tenor alcohólico se ubica en un entorno de 9% en volumen, cuenta con una acidez marcada y sus aromas primarios no son potentes, sino más bien apagados.
Finalizada la vendimia, las bodegas tendrán en stock un conjunto importante de vinos de distintas procedencias y cepajes. En esta fase, también, las bodegas toman medidas para prevenirse de las malas cosechas. Si el año ha sido bueno, se conservarán reservas de vinos base como otro seguro de calidad que los resguarde de futuros reveses climáticos.
Las tres cepas clásicas.
La historia de la elaboración del champagne es también la del aprendizaje de los viticultores de la región acerca de cuáles cepas eran las más aptas para la elaboración de sus vinos. En el transcurso de los siglos, a través de algunos éxitos y muchos fracasos, conocieron cuáles eran las variedades que mejor se amoldaban al particular clima de la Champagne, al tiempo que comprendieron que no era bueno depender de un solo tipo de uva. Las tres cepas con las que se elaboran los vinos espumosos de Champagne son Chardonnay, Pinot Meunier y Pinot Noir.
La Chardonnay, la única blanca del trío, aporta la finura y la elegancia que sus colegas no logran brindar. La Pinot Meunier resulta la variedad más rústica, pero la más confiable por su comportamiento botánico. Al tiempo que la Pinot Noir aporta una acidez bien perfilada y el cuerpo que adquieren los vinos. Esta combinación de Vitis vinifera diferentes, que logran complementarse en los viñedos y en la bodega, funciona como una especie de seguro natural ante las malas sorpresas del tiempo. No importará como sea el verano de cada año porque al menos una de ellas sostendrá la calidad.
Clima frío y suelos calizos.
Champagne es la más norteña de las regiones vitícolas francesas conocidas y la más castigada por condiciones climáticas adversas. El sol escasea y la producción de las viñas se ve constantemente amenazada por las inclemencias del tiempo, sobre todo por las heladas tardías en primavera y las tempranas en otoño. La uva madura más lentamente que en otras comarcas y, en los veranos fríos, es muy difícil que alcance la madurez completa. Esto se traduce en que los vinos de la región son de poco cuerpo y marcada acidez. A ello se le agrega un tenor alcohólico bajo, como consecuencia de la falta de azúcar en los frutos al momento de la vendimia. Estas condiciones climáticas desfavorables actuaron como incentivo para que los bodegueros champenoises insistieran en superarlas. En lugar de aquellos vinos tan poco atractivos, lograron elaborar un producto diferente, de gran elegancia, considerado símbolo de distinción en todo el mundo. La frescura, característica sobresaliente de este vino, se debe a una acidez importante, consecuencia de una vendimia que se anticipa a la maduración completa de las uvas, pero también a la peculiaridad del subsuelo. En la región de Champagne los suelos calizos, según aseguran sus habitantes, determinan que los vinos no se puedan comparar con ningún otro que se elabore con fruta cultivada en otra tierra.
La permanencia en botella.
Aunque parezca mentira esta es una pregunta compleja. Hace decenas de años que se busca sin éxito una respuesta científicamente comprobada.
Se sabe sin duda que cualquier vino bien elaborado y sin defectos siempre mejora luego de embotellado; por lo menos en los primeros seis meses. Durante cuánto tiempo más puede mejorar en la botella sus características sensoriales depende de cada vino. Habrá los que llegan a su máxima potencia a los dos años y otros que la alcanzan a los diez. La única forma de comprobarlo es tener varias botellas del mismo vino y abrir una cada año para sentir cuando el vino resulta más agradable. Por otro lado, el degustador experimentado puede predecir cuantos años puede sobrevivir un vino y por lo tanto su potencial de guarda. Lo que más se desarrolla en un vino con el tiempo son los aromas, que se vuelven más complejos.
No sólo se conservan los aromas de la variedad o variedades de uva, sino que también aparecen los llamados aromas de crianza o terciarios que se relacionan, por ejemplo, con descriptores tipo: tabaco, frutos secos, chocolate, ahumado, trufa, etcétera. Con respecto al gusto, el paso de los años suaviza algunos ácidos y a los toninos, que pasan a ser más aterciopelados. También se eliminan las aristas que a veces tiene un vino recién embotellado. Los blancos, rosados y tintos de buena calidad siempre podrán lucirse más al paladar del degustador con unos meses de crianza, en botella. Esto es así con la condición de que se guarden a una temperatura fresca y con la botella inclinada.
Bienvenida sea la crianza en botella para los grandes vinos.
El champagne y otros espumosos naturales.
En el mundo de los vinos, el champagne ocupa el lugar del ballet en el reino de las danzas: es sinónimo de elegancia y sutileza. Se distingue por sus aromas gratamente frescos, que provienen de su natural acidez y de las levaduras que le dieron la vida dentro de la botella. Nunca empalaga cuando es seco y, gracias a su frescura, estimula las glándulas salivales. Por todas estas cualidades el champagne se convierte en el mejor aperitivo imaginable. Para comprender al “rey de los vinos” es necesario indagar previamente en sus orígenes, que sellaron su impronta. Al mismo tiempo, es muy comprensible el celo que ponen quienes lo elaboran en defender su nombre para distinguirlo de los demás espumosos y el empeño que ponen otros en imitarlo. Vea más en mujeres bonitas.
Rosado clásico: del tinto al blanco.
Un proceso más esmerado consiste en seguir la técnica de elaboración de los vinos tintos, en cuanto al tratamiento inicial de la uva cosechada y la técnica de elaboración de los vinos blancos durante la fermentación. En primer lugar se le quita al racimo la parte leñosa, se muele la uva y se envía el mosto a una pileta donde se deja el jugo en contacto con los orujos por un período variable. El enólogo decide cuál es ese lapso, que depende de la cantidad de color que quiere extraer y que, en general, varia entre 12 y 24 horas. En ese tiempo se puede evitar la fermentación manteniendo el mosto a baja temperatura. Otro método es permitir que fermente para que, una vez que se forme el sombrero (la cascara sube a la superficie por efecto del anhídrido carbónico que se desprende), realizar el sangrado que consiste en separar el jugo coloreado de los hollejos. Este jugo coloreado, separado del orujo, sigue el mismo proceso de vinificación de un blanco, tratando de mantener la temperatura de fermentación a niveles bajos. Luego se le aplican los mismos tratamientos de frío, filtrado y eventual adición de anhídrido carbónico en el momento del embotellado para darle frescura.
Vino rosado.
De cada tres, uno solo es genuino.
Se pueden identificar por lo menos tres tipos de rosados de acuerdo a la forma de elaboración. Sin embargo, uno solo origina el genuino.
Algunos se obtienen por la fermentación conjunta de uvas tintas y blancas. El proceso es similar al que se sigue para elaborar los tintos, fermentando el jugo conjuntamente con el hollejo. El resultado es un vino rosado por su color, pero tinto si se tienen en cuenta la estructura y el contenido de taninos.
Una segunda forma de obtener un rosado es mediante el corte de vinos blancos y tintos. Las proporciones son muy variables, pero normalmente incluye un volumen de tinto que puede oscilar entre un 5% y 15%. Esta es la forma en que se obtiene el champagne rosado. Una tercera alternativa, la más clásica, es la vinificación de las uvas tintas en rosado. Más sobre los beneficios de la uva y el vino vea plantas medicinales.
En San Juan, los muy buenos vinos finos constituyen una feliz excepción. La zona, por su clima, por las variedades plantadas, conviene para vinos de mesa, aunque no aprecio el gusto a moscatel de la mayoría de sus blancos comunes. Por su alta graduación alcohólica podrían servir para mejorar vinos débiles. Por otra parte mejorarán a medida que desaparezcan las viñas “mezcla”. La zona conviene perfectamente para la elaboración de los vinos especiales para vermouths, cognacs, para la fabricación del jerez y de los vinos licorosos. Conviene también para la producción de uva fresca que, cuando es blanca, se vende siempre bajo la denominación de moscatel aunque no lo sea. Allí, con la Sultanina se fabrican también excelentes pasas. Es realmente una gran región vitivinícola, pujante, fuerte. Va adquiriendo poco a poco la tradición que ayuda a los viticultores y a los bodegueros a conciliar la calidad con las meras preocupaciones comerciales. Te recomendamos ver plantas medicinales para ver los usos medicinales de la uva.
Bolsa certificada.
No es una bodega, ni siquiera una marca, sino una garantía de calidad. Cada año, una bodega, Graffigna, La Esmeralda, otra, entrega a la Bolsa de Comercio de San Juan cierta cantidad de vino que se embotella y la etiqueta lleva la indicación “Bolsa Certificada N° …”
Al ver que me había enamorado del San Ginés 66 y apreciaba el buen vino entre nosotros, con 35 grados a la sombra, apreciaba también la pileta del hotel el maitre, al día siguiente, me destapó una botella de Bolsa certificada N° …, año 68, si recuerdo bien. Era un buen vino pero que no tenía la calidad del San Ginés. Quiso seguir la experiencia y destapó otra “Bolsa Certificada” año 70. Buen vino también, pero nada más. Pusimos término a esta cuenta al revés y yo puse término a mi estada en San Juan.









