En el almuerzo nos sirvieron una buena comida y como vino, una especie de líquido rosado que debía pesar 8 grados como máximo, ácido, sin sabor, infame. Al retirarnos para despegar, dejamos en la mesa una nota que decía: “Los participantes del Aero Club de Oran, les agradecen en suma manera su comida estupenda. No podemos decir lo mismo del vino. Si quieren saber lo que es un verdadero rosado, vengan a vernos, quedan invitados de todo corazón”. No vinieron nunca los de Béziers.
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Unos cincuenta aviones participaban en la prueba. Era un Rallye muy deportivo pero también sumamente gastronómico y “vínico” pues en cada etapa, los aéro-clubs locales nos tenían preparados almuerzos y cenas, con los mejores productos y, dado el caso, los mejores vinos de la comarca. Una vez entre Niza y Perpignan hicimos escala cerca de Béziers que es a los vinos del Sur de Francia, lo que Mendoza para los vinos de Cuyo. Al lado del aeródromo había un “gran viñedo” y no lejos, un castillo.
Existen muy buenas escuelas de enología en la Argentina, entre las que se puede destacar la escuela Don Bosco, elevada al rango de Facultad y que dirige un enólogo de gran renombre, el padre Olaiguer. En estas escuelas se enseña a los alumnos toda la química del vino, las correcciones posibles, los remedios contra las enfermedades. La memoria del futuro enólogo tiene que retener una serie impresionante de fórmulas y procedimientos de química analítica.
Bolsa certificada
No es una bodega, ni siquiera una marca, sino una garantía de calidad. Cada año, una bodega, Graffigna, La Esmeralda, otra, entrega a la Bolsa de Comercio de San Juan cierta cantidad de vino que se embotella y la etiqueta lleva la indicación “Bolsa Certificada N9 …”
Al ver que me había enamorado del San Ginés 66 y apreciaba el buen vino entre nosotros, con 35 grados a la sombra, apreciaba también la pileta del hotel el maitre, al día siguiente, me destapó una botella de Bolsa certificada N° …, año 68, si recuerdo bien. Era un buen vino pero que no tenía la calidad del San Ginés.
Jerez y Manzanilla se hacen únicamente con vino de gota. El vino de prensa y de borra se echa al común.
Me quisieron regalar una botella de Jerez “El Decano”. Como lo conozco, prefiero llevarme una botella de Manzanilla “María del Carmen”. Me hará recordar al tiempo pasado en Barcelona donde raramente transcurría un día sin que fuera a tomar un chatito de manzanilla en una taberna del Barrio Chino.
Debe ser muy bueno o muy barato, pensé: “No tan barato, pero muy bueno”, me precisó mi guía. Es vino de Pedro Giménez, uva común pero frutada y que sirve de base a casi todos los Jerez argentinos, como la Malbec a los tintos.
Expliqué ya el proceso de fabricación del Jerez. Es el mismo en todas las bodegas. Para la Manzanilla, cuyo color es más claro y contiene un poco
menos de alcohol, el vino permanece menos en las bordalesas y parte del tiempo a la sombra.
Por la mañana, más que nunca, soy incapaz de encontrar el menor gusto al vino. Hasta en la mesa mi capacidad de degustación es muy relativa. Tengo el paladar como “blindado” por el tabaco y desgraciadamente no logro dejar de fumar durante las comidas.
Pero no había terminado de despertarse, cuando ya encendía su primer cigarrillo. Este primer cigarrillo era seguido de otro y otro, en una cadena sin fin, que no se interrumpía siquiera durante el desayuno o el almuerzo. Nunca lo vi catar un vino. Apartaba un poco el cigarrillo y olía el vino para darse cuenta si no tenía olor a vinagre o a moho. Y nada más. Después de trabajar algún tiempo con él. me atreví a preguntarle si este abuso del tabaco yo no fumo no lo molestaba en el ejercicio de su profesión. Lo reconoció.
Se dice que el vino es asunto de hombres Totalmente falso. Conozco y he conocido muchas mujeres que ponían en práctica, en este plano, la perfecta igualdad de los sexos. Una que conozco mejor que a otras nunca se sintió más halagada que cuando, en la mesa, un amigo le dijo: “¡Caramba!, eres formidable. ¡Bebes tan bien como un hombre!
Pero he conocido algo mucho peor que este gesto condenable de encender un cigarrillo sin pensar que el vaso de buen vino lo está esperando. Los enólogos profesionales, no hablo de catadores, ni de enófilos, como todos los humanos no están exentos de defectos. Entre ellos el más grave es fumar a destiempo. Mi primer profesor argentino en enología no digo en enofilia, de lo que hablaré luego era un ingeniero agrónomo, profesor de la Facultad de Agronomía de Cuyo y perfecto técnico. Era o es un buen químico y al mismo tiempo manejaba con toda soltura la vinificación.










