Persistencia en la boca.
Algo que sin duda diferencia al vino de otras bebidas son las múltiples sensaciones que transmite cuando se degusta. Una de las más apreciadas por los catadores es el postgusto o su persistencia en la boca luego de ingerirlo.
Largo: Es el vino que, aún después de ser bebido, mantiene durante un tiempo considerable las sensaciones gustativas y el aroma de boca, propios de sus buenas características. Esa duración se mide en segundos. Un vino largo sería aquel que deja su huella en la boca por un período de más de quince segundos después de tragarlo.
Corto, breve: Se dice de un vino cuya huella desaparece rápidamente después de tragarlo. Esta calificación tiene una connotación negativa.
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Edad y conservación.
Maduro, inmaduro, pasado: lanío un vino joven como un vino de crianza puede encontrarse en una de estas tres etapas.
Maduro: Es el que está en su punto óptimo para ser consumido. En un vino joven esto puede ocurrirantes de que pase el verano siguiente a su elaboración. En uno de crianza el punto de madurez se puede alcanzar a los tres o cuatro años y en algunos casos de vinos especiales como los Burdeos, a los quince, veinte y aún cincuenta años.
Inmaduro: Es el vino que todavía no alcanzó el punto óptimo porque,por ejemplo mantiene una astringencia marcada.
Pasado: Luego de alcanzar su punto óptimo el vino se mantiene en ese nivel durante un tiempo hasta que comienza a decaer. Se dice entonces que está pasado. Ha perdido sus cualidades.
Oxidado (ajerezado): Un vino que no se conservó adecuadamente, se lo expuso a la luz o al calor excesivo. La oxidación afecta el color y el sabor de los vinos, en la boca trasmite una sensación de amargory rugosidad sobre la parte central de la lengua.
El equilibrio:
Se refiere al equilibrio y la armonía que existe entre las distintas sensaciones que transmite.
Redondo, equilibrado, sin aristas, armónico: Es el que presenta un gran equilibrio entre todos sus componentes: alcohol, acidez, taninos, cuerpo y sabor. En la boca deja una sensación agradablemente equilibrada, es un vino armonioso, redondo.
Inarmónico, con aristas? desequilibrado: Esta calificación se usa para los vinos en que uno o varios de sus componentes no muestran el necesario equilibrio. Es ácido, muy alcohólico, astringente, con poco cuerpo, etcétera.
Con buen paso de boca: Se denomina así a la evolución del vino en la boca; a las distintas sensaciones que se suceden desde que el vino se lleva a la boca hasta que se traga. Esta cualidad complementa la sensación de redondez y equilibrio. Se dice de un vino que empieza y termina bien. Cuando un vino comienza de una manera y termina de otra se dice que no tiene buen paso de boca, que presenta escalones o saltos. Esta observación tiene una connotación negativa.
Elegante: Vino de estilo, con equilibrio y un alto nivel de calidad en toda su expresión.
Contenido de gas carbónico.
Espumoso: Contiene una importante cantidad de gas carbónico y muestra en la copa un desprendimiento de burbujas. Su presencia obedece a una segunda fermentación en la botella (método champenoise) o en grandes tanques (método charmat). También hay vinos gasificados artificialmente al estilo de las aguas minerales.
Petillant, frizzante (de aguja): Se dice de un vino que conserva una pequeña cantidad de gas carbónico luego de embotellado. Es ligeramente efervescente. Al beberlo deja una sensación algo picante, de cosquilleo, sobre la superficie de la lengua. El gas carbónico le da frescura al vino, acentúa la sensación de acidez, se utiliza esta técnica sobre todo para realzar la frescura de los vinos blancos y rosados.
Tranquilo: El vino que no conserva gas carbónico. Es el opuesto a un vino espumoso. En esta categoría se incluyen la inmensa mayoría de los vinos.
Contenido de toninos.
Astringente, tánico: Es el vino que transmite una sensación de rugosidad y aspereza en la boca. Por lo general se debe a que los taninos no maduraron suficientemente. Puede, además, generar un sabor algo amargo. A menos que la astringencia provenga de un vino elaborado a partir de uvas no del todo maduras, en cuyo caso se habla de taninos verdes, el añejamiento madura los taninos y suaviza la sensación de rugosidad.
Taninos maduros: Son taninos que están presentes, se hacen notar en la boca, pero no son agresivos, dejan una sensación agradable. Su madurez proviene de uvas cosechadas en su punto óptimo.
Es el vino que transmite sensación de suavidad, sin rastros de astringencia o rugosidad. Por lo general se debe a que sus taninos han alcanzado el punto óptimo durante el período de crianza en botella.
Nivel de acidez:
Neutro: Indica falta de acidez y por lo tanto de vida y frescura. Se dice también que el vino es blando, flojo. Es una característica negativa sobre todo en los vinos blancos y rosados.
Fresco, con nervio: El nivel de acidez es adecuado. Esto le da frescura y vivacidad al vino, una virtud sobre todo en los blancos, rosados y tintos jóvenes.
Acido: El desequilibrio en la acidez molesta, torna el vino duro y difícil de tomar.
Según el cuerpo:
Liviano, ligero: Se dice del vino con poco cuerpo, que da sensación de acuosidad; lavado en la boca. Puede no ser un defecto en un vino blanco, fresco, nuevo, aunque sí puede serlo en un tinto.
Con cuerpo: La estructura del vino da sensación de peso sobre la lengua, crea un efecto de volumen que llena la boca. También se dice que el vino es gordo corpulento, pesado, con estructura, carnoso. Es ésta una característica imprescindible para los tintos de crianza.
Contenido de alcohol:
Vinoso: Un vino que proporciona una sensación cálida, penetrante, suavemente cáustica sobre las paredes de la boca, importante en los vinos tintos. El alcohol provoca un efecto opuesto a la acidez. Mientras la acidez transmite frescura, el alcohol proporciona calidez.
Alcohólico, ardiente: Vino con un nivel de alcohol demasiado alto que transmite una sensación ardiente, quemante, en la boca. Aparece como desequilibrado. Se tiene la percepción de estar bebiendo coñac. Esto puede suceder en los vinos cuando el contenido de alcohol supera los 14°. Es conveniente frente a este tipo de vinos bajar su temperatura de consumo porque la sensación cáustica se incrementa con el calor.
Débil (baja graduación): Se dice de un vino con bajo contenido alcohólico. En general, se traía de un vino pobre, débil. Podría ser agradable si mosrara una acidez que le diera frescura y lo hiciera fácil de beber. Si además de ser débil carece de acidez se dirá que es un vino “chato”.
El lenguaje del enófilo.
Las expresiones más usadas con respecto a las sensaciones que el vino provoca en la boca, gustativas y táctiles.
Contenido del azúcar
Seco: Es un vino que no conserva azúcar. Cuando se habla del vino es un concepto opuesto a dulce.
Dulce: Es un vino que conserva una cantidad importante de azúcar, también llamado vino de postre. El opuesto es el vino seco, no amargo.
Abocado: Un vino que, sin llegar a ser dulce, conserva un pequeño contenido de azúcar. Por la agradable sensación de suavidad que transmite, a veces puede ser confundido con un vino frutado. Es una característica que se presenta en los vinos rosados y en algunos blancos; casi no hay tintos abocados.
Los pasos en la boca.
Un pequeño sorbo de vino alcanza para la degustación en boca a pesar de que esta fase consta de tres pasos: ataque, desarrollo y final que se diferencian por su duración y por los sabores que se perciben en cada uno. El ataque es el primer paso: tan corto que apenas dura un par de segundos y en él se aprecia si el vino es seco, dulce o abocado (demi sec). Las papilas gustativas capaces de detectar el gusto dulce se ubican en la punta de la lengua y son las encargadas de percibir esa sensación e informar el resultado.
Luego vendrá el desarrollo o segundo paso, donde se evalúa la acidez, ya que el gusto salado queda relegado -no por la ausencia de sales minerales-sino por su escaso peso relativo respecto a los otros tres gustos. Por el cúmulo de información que le aporta al catador, el desarrollo es un paso más complejo. Su duración, puede alcanzar hasta 15 segundos. Como en el interior de la boca la temperatura es de unos 35 °C, el vino se calienta no bien entra en ella. Por eso, las sustancias aromáticas se desprenden con fuerza y se dirigen hacia el bulbo olfativo por la vía retronasal. En este momento juega de nuevo el olfato del catador que compara lo que percibe en boca con los aromas de la fase olfativa y las diferencias entre unos y otros. Es común que algunas fragancias que se destacan en la nariz, se atenúen en boca y viceversa, debido al cambio de temperatura. Sucede a menudo que vinos que se presentan poco fragantes en la fase olfativa, sorprendan por su buena expresividad aromática en la fase siguiente.
El último paso, llamado final, se produce al ingerir el vino, aquí puede predominar el sabor amargo que es percibido por las papilas que se encuentran en la parte posterior de la lengua. Después de tragar el vino, el catador mide la calidad y persistencia del retrogusto. Su duración depende de la calidad del vino. Al degustar un vino simple es corto, a veces no alcanza a los cinco segundos de duración; en cambio los grandes vinos se caracterizan por un final de boca largo y agradable.
La lengua y la mucosa Interna de la boca también captan otras variables de los alimentos gracias al sentido del tacto. Como la lengua es un músculo habituado a trasladar pesos dentro de la boca, es capaz de sopesar el cuerpo del vino, información valiosa relacionada con la viscosidad y que puede contrastarse con información que ya habían aportado los ojos. Además, tanto la lengua como la mucosa interna perciben otras características de los alimentos como textura y temperatura, un factor decisivo en la degustación del vino. También, durante el desarrollo se percibe la astringencia de los taninos que, al precipitar las proteínas de la saliva, dan sensación de sequedad o aspereza. A medida que la cata avanza, el vino se va confesando en un proceso que aumenta en interés y complejidad. Comienza con la inspección visual, primer paso que ubica al catador, pero que no le permite decidir acerca de la calidad de la muestra. Sigue con el análisis olfativo, más rico y preciso en informar acerca de las bondades del vino. Finaliza en la boca, con un examen a fondo realizado esta vez por un “equipo” de sentidos que procura apreciar todas las virtudes y defectos para luego establecer un veredicto. La práctica regular e informada de la degustación permite aprender a detectar cuando un vino tiene defectos de elaboración o conservación. También contribuye a avanzar en el conocimiento de diferentes variedades de vino, grados de calidad y adecuado servicio. Por otra parte, si la cata se realiza en compañía, es habitual que los noveles degustadores se animen a darle nombre a sus sensaciones ayudando a la memoria a fijar las experiencias. Sin embargo es siempre útil recordar que la cata no es una ciencia exacta. Ber-nard Ginestet afirma que no existe “infalibilidad” en materia de cata y que para todos los catadores existen instantes “más favorables que otros”. Y agrega: “Personalmente he conocido momentos de gloria cuando todo se me hacía evidente y, en otros, he llegado a sentir gran vergüenza al no lograr descifrar nada coherente. Como conclusión: la cata es una de las mejores escuelas de modestia que puedan existir”.
Por último, los aficionados al consumo moderado e inteligente del vino harían un pésimo negocio si la práctica de la degustación les hiciera perder el aspecto lúdico de su afición en lugar de potenciarlo.
El gusto y el tacto.
La tercera fase de la degustación, llamada “gustativa” o “en boca” es la que brinda mayor información y también la más compleja ya que en ella intervienen tres sentidos: el gusto, el tacto y de nuevo el olfato. Aunque la percepción común sea la contraria, los gustos que se perciben en la boca se reducen a cuatro: dulce, salado, ácido y amargo, a diferencia de los sabores que son innumerables. Las papilas gustativas distribuidas en la punta y contorno de la lengua perciben los distintos gustos. Los sabores, en cambio se forman por la combinación de uno o más gustos con los aromas que transmiten los alimentos por vía retro-nasal y son captados por el olfato. Por ejemplo, el sabor a menta combina el gusto dulce con el perfume de la hierba. En cambio, el de un caramelo de limón integra a la esencia de la fruta los gustos ácido y dulce.
El lenguaje del enófilo.
Las expresiones más usadas con respecto al olor de los vinos, sensaciones olfativas.
Aroma: Se refiere al olor del vino joven. Generalmente son olores que recuerdan a las flores, las frutas, fragancias vegetales. El encanto de los vinos jóvenes está en la frescura de esos aromas.
Bouquet: Asi se llama al olor que desarrollan los vinos de crianza con el añejamiento, durante su estadía en madera pero sobre todo en la etapa de crianza en botella. El carácter aromático se atenúa con el paso del tiempo para dar paso al bouquet. Los grandes vinos viejos tienen olores complejos, evolucionados, que evocantabaco, hongos, tierra húmeda, frutas pasas, especias, frutas secas, cuero, humo, trufas, etcétera.
Aroma de boca: Es el que se percibe por la vía retronasal. Al tragar el vino, los aromas, que se desprenden con más facilidad por el aumento de la temperatura del vino en la boca, suben hasta el centro olfativo y reproducen los percibidos desde la copa; a veces con mayor intensidad.
Aroma primario o varietal: Es el que corresponde al tipo de uva con que se elaboró el vino. Por ejemplo los Cabemet Sauvignon suelen oler a pimiento verde. En general se refiere a vinos jóvenes ya que con el envejecimiento los aromas varietales dejan paso a los de evolución, al bouquet.
Aroma secundario: Es el que se gesta durante el proceso de fermentación como consecuencia de la acción de las levaduras. Es un aroma muy fresco, volátil, fácil de percibir, que aporta gracia a los vinos jóvenes. Desaparece con la crianza. En realidad el aroma de los vinos jóvenes es una mezcla de aromas primarios y secundarios.
Aroma terciario: Es un término técnico para referirse al bouquet, el olor desarrollado por los vinos durante el envejecimiento en botella.
Evolucionado: Se refiere al olor que desarrollan los vinos durante la crianza. Es otra manera de referirse al aroma terciario o bouquet.
Agradable: Es el primer aspecto que debe considerarse al evaluar el olor de un vino, porque da la medida en que resulta atractivo. Luego se aprecian otros factores como intensidad, persistencia, etcétera.
Franco, limpio: Con estos términos se señala la ausencia de aromas extraños al vino.
Alterado, dudoso: Es el opuesto al anterior. También se dice “no del todo limpio”. En todos los casos, tiene una connotación negativa. Pueden aparecer por ejemplo olores a corcho, a humedad, a encierro, sentirse “picado”, etcétera.
Intenso: Se utiliza este calificativo cuando los aromas que se desprenden del vino se perciben con facilidad.
Poco intenso: Es el opuesto al anterior y tiene una connotación negativa. Se refiere a un vino neutro, pobre en aromas, cerrado. Puede ser un defecto transitorio, cuando el olor del vino se encuentra debilitado por una larga permanencia en botella, que luego de un contacto con el aire en la copa comienza a desarrollarse.
Fino, delicado: Se dice de un vino que tiene un olor agradable y a la vez armonioso, que se distingue por su delicadeza.
Complejo: Es un vino que despliega una diversidad de olores agradables en forma escalonada y que son reconocidos a medida que se aprecia el vino. Puede mostrar aromas de frutas junto con aromas especiados provenientes de la crianza en madera y a la vez algunos de evolución, como trufas, frutas secas, etcétera.
Aroma sencillo: Es el opuesto al anterior pero carece de una connotación negativa. Se trata de un vino sin demasiadas pretensiones, seguramente para consumo diario; bueno, pero no excelente.
pers/s(eníe: Es el aroma que permanece aún después de un tiempo de haber sido servido el vino. Muchas veces persiste en la copa después de haberla vaciado. Si además el olor es atractivo, revela una gran calidad del vino.
Floral: Se refiere al aroma de los vinos que recuerda el olor de las flores como rosas, geranios, violetas, azahares.
Frutal, frutado: Se refiere al olor de los vinos que recuerdan el aroma de ciertas frutas: en los blancos los cítricos, la manzana, el durazno, los higos, la guayaba; en los tintos las cerezas, las moras, las ciruelas.
Vegetal: Es el vino cuyo olor evoca la hierba. El aroma herbáceo es típico de algunos vinos jóvenes. En algunos casos puede corresponder a la elaboración del vino a partir de uvas que no alcanzaron un nivel adecuado de madurez. Por lo general, desaparece después de un período de crianza en la botella.
De vainilla y coco: Aromas finos y delicados que trasmite el roble nuevo.
Maderizado: Se aplica al vino sometido a una crianza excesiva en madera. Por esta razón los aromas del roble predominan sobre el resto, no están integrados con los propios del vino y el aroma es desequilibrado, con predominancia de la madera.
Especiado: Aroma que recuerda canela, clavo de olor, pimienta, etcétera.
Infinidad de aromas.
La evaporación de los aromas en la copa es casi siempre escalonada. Primero se desprenden los compuestos más volátiles y, a medida que el vino se airea, comienzan a distinguirse otras esencias más pesadas. A menudo estas sustancias no son exclusivas del vino sino que se hallan diseminadas en la naturaleza y tienden a repetirse, mezcladas con otros elementos aromáticos. Esto sucede, por ejemplo, con las pirazinas que nos recuerdan al morrón verde que encontramos con frecuencia tanto en los Caber-netSauvignon como en los Sauvignon Blanc.
En los grandes vinos, la calidad de su fragancia debe estar unida a la intensidad y a la persistencia. A menudo ciertos vinos recién servidos encantan al olfato por su elegancia pero, pasados unos minutos se atenúan hasta casi desaparecer. Por eso el conocedor, a la hora de evaluar, además de la calidad mide la intensidad y la persistencia aromática. Catadores y enólogos se han puesto de acuerdo para clasificar en tres los olores del vino: varietales, de fermentación y de crianza. A los dos primeros se los designa como aromas, al tercero se le llama bouquet. El aroma varietal o primario proviene de la fruta y permite identificar en los vinos nuevos la cepa con la que han sido elaborados. La fermentación, fenómeno complejo y a menudo prolongado, incorpora al vino los conocidos como aromas secundarios. No resultan duraderos y por este motivo aparecen por lo general solo en los vinos nuevos. El más típico proviene del acetato de isoa-milo y se reconoce por su característico olor a banana o a goma de mascar. También las técnicas de vinificación influyen en el aroma del vino. Las fermentaciones a bajas temperaturas dan frescura y frutados vibrantes. Si el proceso de fermentación se conduce a temperaturas más altas los resultados difieren.
Los aromas varietales se modifican con el transcurso del tiempo. En los vinos jóvenes la disminución progresiva de los aromas acompaña el deterioro del producto. En los de guarda su transformación abre paso al bouquet, proceso que sólo se da en vinos con suficiente clase. Los enólogos se preocupan por reforzar la complejidad aromática del vino por medio del estacionamiento en barricas de roble para agregarle nuevos aromas (coco, vainilla, ahumados). La madera nueva o usada y el tostado que le haya dado el tonelero al recipiente, también influyen en la expresión olfativa.
El aftejamiento en botella es otro factor que interviene en la composición aromática. En general, se acepta que, después de envasados, los mejores vinos necesitan pasar por un estacionamiento prolongado para alcanzar su máxima expresión y complejidad. Se llama complejo a un aroma cuando es cambiante, múltiple, diverso. Cada vez que se acerca la nariz a la copa se descubre una nota aromática distinta que no había aparecido antes. Amenudo, un vino de mesa recién servido tiene un aroma agradable pero, que por su sencillez, enseguida se vuelve obvio.
Sucede también que al descorchar una antigua botella el primer olor que se desprende no es del todo agradable. Los catadores dicen que el vino no está limpio, que está cerrado. A medida que el vino se airea en la copa o en un decanter, los olores de encierro disminuyen hasta extinguirse y comienza a aparecer el bouquet genuino. Si la vista no le permite al catador decidir acerca de la calidad del vino, el olfato es mucho más certero y ofrece mayor información con respecto a sus virtudes y defectos.
El olfato.
En comparación con otros mamíferos, el hombre utiliza muy poco su aptitud olfativa. Los investigadores estiman que el olfato posee diez mil veces más sensibilidad que el gusto y que bien adiestrado es capaz de distinguir hasta 4.000 olores. Es además un sentido muy memorioso. Resulta común que se reconozca una fragancia después de años de no sentirla, en especial si está ligada a una emoción que refuerza el recuerdo.
Como en la fase anterior, en la olfativa también se detectan defectos. El vino puede estar ajerezado, avinagrado o con olor a corcho. El primer defecto se puede encontrar en los vinos blancos viejos, en cambio el segundo se debe a la presencia de ácido acético lo que casi siempre ocurre si la botella no quedó cerrada herméticamente. La expresión “olor a corcho” no es exacta porque no es el corcho el que la origina, sino los restos orgánicos alojados en sus poros. Una primera apreciación se realiza con la copa quieta. Luego, el movimiento en círculos contribuye a que se desprendan con más facilidad los aromas. De ellos, el catador apreciará la calidad, intensidad y persistencia.









