Es una cepa que se debe controlar porque su vigor natural la lleva a crecer de manera desproporcionada, en especial cuando el viñedo se asienta en suelos fértiles de clima templado y lluvioso. Si sus plantas se administran para obtener muchos kilos de uva por hectárea, se diluyen las virtudes características. En ese caso, los vinos resultarán poco fragantes a la nariz y muy sosos en boca.
La preocupación del viticultor en las regiones frías es que la brotación temprana de la variedad la expone a los daños de las heladas tardías. La fecha de la vendimia es crucial para la Chardonnay, porque a medida que llega a las etapas finales de maduración tiende a perder acidez y, luego, sus vinos carecen de frescura.
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En el Cono Sur de América la cultivan casi todos los países gracias a su gran aceptación internacional. En los últimos tiempos, las bodegas que apuestan a obtener con ella vinos de calidad superior han comenzado a plantar nuevos viñedos en zonas de veranos menos calurosos. Así, en Chile se prefiere el valle de Casa-blanca que permite una maduración más lenta y en Mendoza se seleccionan los terrenos altos, cercanos a la cordillera, donde los calores del verano son menos severos.
En Australia, también en la década de 1980, la superficie plantada con Chardonnay se multiplicó por cinco y, en 1990, se convirtió en la cepa blanca más difundida. En ese país se cultiva en regiones de climas disímiles: desde sitios áridos y calurosos en donde se impone la irrigación artificial, hasta zonas frías y húmedas, en las que se dificulta la maduración.
Con respecto a Italia, si bien el censo vitícola de 1982 no mencionaba la existencia de esta variedad, el de 1990 reconocía unas 6.000 hectáreas en producción. Su afianzamiento se dio particularmente en las regiones del Fríuli y Trentino, con varíetales que logran un buen grado de distinción.
En Penedés, la comarca del famoso cava de Cataluña, ha sido admitida como una integrante más, que desarmó el clásico trío formado por la Xarello, la Parellada y la Macabeo. La determinación de incorporar esta variedad foránea estuvo relacionada, sin duda, con el creciente éxito que los espumosos catalanes alcanzan en los mercados internacionales.
Francia tampoco escapó del fenómeno de fuerte expansión de la Chardonnay. Languedoc’Rousillon y otras comarcas menores como Jura, Ardeche y Savoia la han recibido gustosamente para elaborar con ella los varíetales que se demandan en el mundo. En estas regiones menos conocidas, el reciente inicio de la elaboración de espumosos fue el acicate para importarla desde el norte.
Chardonnay.
Orígenes y difusión
Como su nombre se hizo tan popular en todo el mundo, a veces se le toma por sinónimo de vino blanco, ignorando que el apelativo sólo responde a uno de los tantos cepajes de la vid. Antes del advenimiento de los varietales, la Chardonnay fue, para los conocedores, la soberbia variedad en que se basaban los grandes vinos blancos de Borgoña. Allí, en una región en donde las denominaciones geográficas mandaban en las etiquetas, su nombre era sólo familiar para los viticultores del lugar.
En la década de 1970, comenzó la implantación de la Chardonnay en California, Estados Unidos, y a raíz del éxito que obtuvieron sus vinos, su difusión hacia los demás países aumentó en forma vertiginosa.
En 1980, California contaba con unas 7.000 hectáreas Plantadas; ocho años más tarde, la superficie casi se había multiplicado por cuatro y rondaba las 27.000 hectáreas. Sin embargo, hay que reconocer que este fenómeno se vio reforzado por la creciente demanda de espumosos en todo el mundo. La decisiva intervención de esta cepa en los vinos de la Champagne obligó a las bodegas de otras regiones a tenerla en cuenta al momento de elaborar un producto similar.
Fuera de Champagne la elaboración de esta clase de vino se hace con menos requisitos aunque nunca se obtienen productos similares a los franceses. En primer lugar, el clima ya no juega ese rol acechante y permite una relación entorno-viticultor más normal. En general se evita que la fruta llegue a la madurez completa, para que la acidez tenga la vigencia necesaria. En cuanto a las variedades de uva que se utilizan, casi nunca se recurre a combinar las tres cepas champe-noises. En ciertas zonas se utilizan otras variedades con este fin; en América del Sur se elabora en base a Chenin, Pinot Blanc y Ugni Blanc. Es muy frecuente que los mejores espumosos se elaboren con Chardonnay y, en menor medida, con Pinot Noir; pero sí resulta inusitado elaborarlos con la Pinot Meunier. Las condiciones climáticas mucho más favorables hacen que los vinos de reserva, ya no se consideren tan vitales y de hecho en América, casi no se tienen en cuenta. Con el fin de mantener las tradiciones intactas, el método Char-mat -segunda fermentación en grandes tanques de acero- está prohibido en Champagne. Como se trata de un método más práctico, sobre todo para elaborar grandes cantidades, muchas bodegas lo utilizan fuera de Francia. Otra práctica del método champenoise poco utilizada en el resto del mundo es el largo estacionamiento del espumoso sobre sus borras. Solo se aplica en la elaboración de los productos más caros y más representativos de las bodegas.
Los espumosos de otras regiones.
Si bien es normal que en gran parte del mundo se llame champagne a esta clase de vinos, las reglas comerciales prohiben el uso del apelativo francés. El nombre champagne está protegido por las reglas comerciales que regulan las Denominaciones de Origen. Por esta razón, al espumoso natural elaborado por el método champenoise se le llama cava en España, sekt. en Alemania, y talento en Italia. En Uruguay el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI) dispuso que se les denomine Espumoso Natural.
Las tres cepas clásicas.
La historia de la elaboración del champagne es también la del aprendizaje de los viticultores de la región acerca de cuáles cepas eran las más aptas para la elaboración de sus vinos. En el transcurso de los siglos, a través de algunos éxitos y muchos fracasos, conocieron cuáles eran las variedades que mejor se amoldaban al particular clima de la Champagne, al tiempo que comprendieron que no era bueno depender de un solo tipo de uva. Las tres cepas con las que se elaboran los vinos espumosos de Champagne son Chardonnay, Pinot Meunier y Pinot Noir.
La Chardonnay, la única blanca del trío, aporta la finura y la elegancia que sus colegas no logran brindar. La Pinot Meunier resulta la variedad más rústica, pero la más confiable por su comportamiento botánico. Al tiempo que la Pinot Noir aporta una acidez bien perfilada y el cuerpo que adquieren los vinos. Esta combinación de Vitis vinifera diferentes, que logran complementarse en los viñedos y en la bodega, funciona como una especie de seguro natural ante las malas sorpresas del tiempo. No importará como sea el verano de cada año porque al menos una de ellas sostendrá la calidad.
Clima frío y suelos calizos.
Champagne es la más norteña de las regiones vitícolas francesas conocidas y la más castigada por condiciones climáticas adversas. El sol escasea y la producción de las viñas se ve constantemente amenazada por las inclemencias del tiempo, sobre todo por las heladas tardías en primavera y las tempranas en otoño. La uva madura más lentamente que en otras comarcas y, en los veranos fríos, es muy difícil que alcance la madurez completa. Esto se traduce en que los vinos de la región son de poco cuerpo y marcada acidez. A ello se le agrega un tenor alcohólico bajo, como consecuencia de la falta de azúcar en los frutos al momento de la vendimia. Estas condiciones climáticas desfavorables actuaron como incentivo para que los bodegueros champenoises insistieran en superarlas. En lugar de aquellos vinos tan poco atractivos, lograron elaborar un producto diferente, de gran elegancia, considerado símbolo de distinción en todo el mundo. La frescura, característica sobresaliente de este vino, se debe a una acidez importante, consecuencia de una vendimia que se anticipa a la maduración completa de las uvas, pero también a la peculiaridad del subsuelo. En la región de Champagne los suelos calizos, según aseguran sus habitantes, determinan que los vinos no se puedan comparar con ningún otro que se elabore con fruta cultivada en otra tierra.
El champagne y otros espumosos naturales.
En el mundo de los vinos, el champagne ocupa el lugar del ballet en el reino de las danzas: es sinónimo de elegancia y sutileza. Se distingue por sus aromas gratamente frescos, que provienen de su natural acidez y de las levaduras que le dieron la vida dentro de la botella. Nunca empalaga cuando es seco y, gracias a su frescura, estimula las glándulas salivales. Por todas estas cualidades el champagne se convierte en el mejor aperitivo imaginable. Para comprender al “rey de los vinos” es necesario indagar previamente en sus orígenes, que sellaron su impronta. Al mismo tiempo, es muy comprensible el celo que ponen quienes lo elaboran en defender su nombre para distinguirlo de los demás espumosos y el empeño que ponen otros en imitarlo. Vea más en mujeres bonitas.









