Las tierras, en general, son sumamente aptas para el cultivo de la vid. La altura varía entre 800 y 600 metros, lo que es un factor de calidad. El suelo es arenoso-arcilloso, permeable, sin mucho humus. La zona que se extiende hasta la precordillera es la mejor, con sus tierras livianas salpicadas de pedregullo. Tupungato, Lujan, Maipú, Perdriel, Agrelo, las Barrancas, son los mejores distritos. Rivadavia, San Martín, se encuentran ya algo más abajo. Los suelos son más profundos pero en algunos lugares padecen de salinización, muchas veces por culpa de los desagües.
Que Mendoza sea la capital de la vitivinicultura argentina, lo prueban los viñedos que empiezan pegados al límite de las ciudades satélites como Guaymallén y Godoy Cruz; estas bodegas “intra muros” como los de Arizu y de Escorihuela, la presencia también de la dirección del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), de la Bolsa de los vinos; las conversaciones en las terrazas de los cafés en que el vino ocupa el segundo lugar después del fútbol. Realmente, Mendoza vive del vino.








