Para poder utilizarlo, se planta uva criolla que así aumenta cada vez más el rendimiento en perjuicio de la calidad. Cuando la calidad es lo que puede salvar al viñedo argentino de la superproducción. Otro rasgo particular del viñedo argentino es su uniformidad en la implantación de los cepajes. Cada viñedo europeo elabora sus vinos en base a una variedad exclusiva o casi exclusiva, excepto en la zona del Burdeos donde se mezclan dos, o a lo sumo, tres variedades.
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En el almuerzo nos sirvieron una buena comida y como vino, una especie de líquido rosado que debía pesar 8 grados como máximo, ácido, sin sabor, infame. Al retirarnos para despegar, dejamos en la mesa una nota que decía: “Los participantes del Aero Club de Oran, les agradecen en suma manera su comida estupenda. No podemos decir lo mismo del vino. Si quieren saber lo que es un verdadero rosado, vengan a vernos, quedan invitados de todo corazón”. No vinieron nunca los de Béziers.
Unos cincuenta aviones participaban en la prueba. Era un Rallye muy deportivo pero también sumamente gastronómico y “vínico” pues en cada etapa, los aéro-clubs locales nos tenían preparados almuerzos y cenas, con los mejores productos y, dado el caso, los mejores vinos de la comarca. Una vez entre Niza y Perpignan hicimos escala cerca de Béziers que es a los vinos del Sur de Francia, lo que Mendoza para los vinos de Cuyo. Al lado del aeródromo había un “gran viñedo” y no lejos, un castillo.
Puede ser verdad para las llanuras de Argelia o las del Sur de Francia. No lo es para la Argentina, donde el sol, el calor, el riego y la tierra, que no es gorda, dan un exceente vino. No lo es tampoco en Argelia, fuera de las llanuras. Voy a contarles una anécdota. En el año 1933, hace ya 40 años, tomaba parte con los cinco aviones de turismo del Aero Club de Oran (Argelia) en un Rallye que consistía, en dar la vuelta a Francia y a Bélgica.
Un autor suizo de gran renombre, Constant Bourquin, en La Connaissance du Vin protesta en su estilo directo, vehemente, contra la práctica que consiste en agregar azúcar al mosto. Eso se llama “chaptalización”, para levantarle el ánimo, es decir la graduación alcohólica. Pero, a la vez, estima que los mejores vinos provienen del “límite septentrional” del cultivo de la vid, es decir de las zonas frías, y agrega: “Las tierras gordas, largamente visitadas por el sol, dan puntualmente viñas regulares o mediocres”.
Además facilita mucho los trabajos mecánicos, permite el riego en dos sentidos, etc., etc. Cuando la genética haya conseguido que los racimos tengan pedúnculos largos permitirá la mecanización de la cosecha. En eso está trabajando el genético Gar-giulo. ¿Y qué más? El parral presentado así parece ser para la vid una especie de milagro. Pero no tanto. El parral exige agua, buena tierra y sol, agua y buena tierra para que la vid tenga pámpanos largos, sol y calor para que la uva madure en perfectas condiciones y tenga todo el azúcar necesario.
Tercera particularidad: la poda. Todos los viñedos de uva fina se podan en poda corta, es decir que a un pie se le deja un número muy limitado de yemas para que toda su fuerza contribuya a dar más azúcar a la uva y a concentrar sus cualidades organolépticas. Puede llevarse en forma de copa, sin alambre, o en espaldera chica con uno o dos alambres, pero el sistema de poda tiende siempre a la misma finalidad, dejar pocas yemas en producción.
La Biblia dice también que Adán y Eva después de ‘haber comido el fruto del árbol de la Ciencia”, se dieron cuenta de su desnudez, tuvieron vergüenza y se taparon. La Biblia no habla de manzana y a riesgo de ser tratado de herético digc que, como en esta zona del Medio Oriente donde se desarrollan las escenas que relata la Biblia no había manzanas, comieron un lindo racimo de uvas. Luego, como no tenían ningún trapo a su disposición, se taparon, no con hojas de manzano, que no había, y que hubieran resultado algo chicas por lo menos para el Sr. Adán, sino con hojas de parra.
Dice el “Génesis” (IX - 18/28): “Noé, agricultor, comenzó a labrar la tierra, y plantó una viña. Bebió de su vino y se embriagó”. El Génesis cuenta también que Lot se emborrachó y que sus dos hijas, que no tenían otros hombres a mano y querían poblar la comarca donde vivían, aprovecharon la embriaguez de su padre. No se escandalicen, la noción del incesto ha sido y es muy variable según los tiempos y los lugares.
Ya en una lejana antigüedad el poeta griego Homero a quien se atribuye la “Illa-da” y la “Odisea”‘ escritas en el siglo ix antes de Jesucristo, hablaba de la vid. Según el poeta, Aqui-les se había hecho forjar un escudo de oro que debía ser inmenso pues tenía grabadas varias escenas de la vida. Entre ellas se veía “una viña cargada de racimos de uva”. La guerra de Troya se sitúa en el año 1185 antes de Jesucristo y cerca de Troya, en otras localidades vecinas que databan de los años 3000 a 3500 antes de la era cristiana, se encontraron semillas de uva.










