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El clima y el suelo para el vino

El clima y el suelo del norte.
Mi experiencia se refiere a la zona de La Caballada, también conocida como Nueva Hesperides en el deparlamento de Salto.
En 1976, cuando surgió el proyecto de plantar viñas para vinos de calidad, buscamos en todo el país el lugar de mayor incidencia solar y mejor temperatura promedio. Nuestro propósito era producir sobre todo uvas tintas, en su mayoría Tannat, una uva con gran riqueza tánica. Para obtener la maduración ideal de los toninos son fundamentales dos características climáticas: la incidencia solar y el descenso de temperatura durante la noche.
Estudiamos los promedios anuales de temperatura de Meteorología. En base a ellos elegimos el departamento de Salto donde se daban los registros más altos durante el periodo de maduración de la uva. Pero buscamos, además, el lugar dentro del departamento donde las noches fueran más frescas.
Seleccionamos entonces un terreno a orillas del río Uruguay porque allí se produce ese contraste entre el día y la noche. Está ubicado en el valle del Daymán, muy cerca de la desembocadura del río y también muy próximo al gran espejo de agua de la represa del Salto Grande. La experiencia nos dice que en los meses de enero y febrero se produce una diferencia de temperatura entre el día y la noche que en ocasiones puede llegar a superar 20 “C. También nos mostró que tanto las temperaturas como la incidencia solar de La Caballada son excesivas para la obtención de vinos blancos de alta calidad aun sin practicar el deshoje. Por ese motivo erradicamos nuestros viñedos de uva blanca del norte y plantamos nuevos viñedos en el sur en La Puebla, Canelones. Con respecto al suelo tanto en el norte como en el sur se encuentran los mismos tipos. Nosotros buscamos la combinación suelo-clima a nuestro entender ideal. Como nuestro objetivo era y es la elaboración de vinos de calidad no queríamos un suelo de alta fertilidad pero si con buen drenaje subterráneo de aguas. En ¡a zona de La Caballada el suelo es arcilloso-arenoso en la superficie. Luego de esta primera capa de unos 50 centímetros de espesor hay presencia de cantos rodados puros. Actualmente; las raíces de las plantas adultas alcanzan la piedra.

Profundidad y drenaje del suelo

Profundidad y drenaje del suelo.
Las raices de la vid pueden alcanzar varios metros de largo si se encuentran con suelos profundos y sueltos. Cuando, además, son secos, se hunden todo lo necesario, hasta las capas más alejadas de la superficie, en procura de la humedad imprescindible para sobrevivir. Los terrenos poco compactos permiten a las raíces respirar y desarrollarse, pero sucede lo contrario con aquellos muy arcillosos. Cuando el agua de lluvia se empoza por mucho tiempo ahoga a la planta, impidiendo que las raíces respiren y complicando su normal metabolismo. Un buen drenaje asegura que se minimice la oferta de agua en la época de maduración, condicionando la En ocasiones el injerto se cultiva en maceta antes de pasarlo a la tierra tendencia natural de la planta a absorberla y en consecuencia a engrosar los frutos, lavándolos en demasía. Por todas estas razones, es importante que los suelos que se destinen a alojar el viñedo, tengan la capacidad de eliminar el exceso del agua de lluvia, en épocas de maduración.

Suelos aridos y fertiles

Suelos aridos y fertiles.
Cuando el objetivo es producir vinos finos, conviene implantar las cepas en suelos de baja fertilidad. Los europeos definen a la vid como una planta “redentora”, ya que crece y da sus mejores frutos en los terrenos.
En los suelos pobres, la vid hunde profundamente sus raíces en busca de agua y alimento. Las raíces de la planta joven (arriba) tienen menor desarrollo que la de una vid añosa (derecha)
más pobres, donde no es posible desarrollar otros cultivos, pues no serían rentables. Es en ellos, paradójicamente, donde se obtienen las uvas con mayor concentración de aromas, color y taninos, capaces de dar los mejores vinos del mundo.