A las ventajas del clima de la zona, se agrega la de los suelos, equilibrados y de buen drenaje, con subsuelo rico en minerales en la que se desarrollan plantas con una edad promedio de 22 años, más que suficiente de acuerdo a la convicción de Irurtia de que “con el vino hay que tener calma” y esperar por lo menos ocho o diez años para que las plantas hundan bien las raíces en las profundidades de la tierra, para obtener los nutrientes. El cuidado diario del viñedo es otro lema de la cartilla, algo que en el establecimiento de Carmelo se consigue adjudicando a cada capataz el cuidado de unas 40 hectáreas en las que se establece con casa, familia y huerta. Junto a su padre, Marcelo Irurtia dirige y supervisa la producción del viñedo en el que el sistema de conducción predominante es la lira.
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La maduración.
Los veranos templados del país aportan características especiales a sus vinos. Los distintos cultivares alcanzan una cantidad de azúcar adecuada los vinos nacionales, por lo general, no exceden el 12,5% de alcohol-y a la vez, una acidez firme que completa su personalidad. Estas características les dan un marcado perfil europeo y los separan de los productos tradicionales del nuevo mundo vitivinícola, la mayoría de los cuales provienen de regiones cálidas. Tal vez las mayores semejanzas se den con los vinos de Nueva Zelanda, que cuenta con un clima que presenta similitudes con el de nuestro país.
En el norte maduran antes. Las diferencias térmicas existentes entre las regiones del país hacen que las uvas maduren en distinta época. Existe una diferencia de 3 °C a 4 °C en la temperatura promedio anual entre el sur y el norte. Como consecuencia, el cíelo de la vid en Artigas, Paysandú y Rivera, comienza antes y la vendimia se realiza un mes antes que la de Canelones y San José. En el departamento de Colonia la diferencia es de 15 días de anticipación con respecto a sus pares sureños.
Cada cual a su tiempo. Las primeras uvas que maduran son las blancas. En el sur del país, a mediados de febrero, la vendimia comienza con la Gewürztra-miner y continúa con Pinot Blanc, Sauvígnon Blanc, Chardonnay. Afines de febrero o principios de marzo la Mertot es la primera de las tintas en vendimiarse. Casi enseguida, la sigue la Cabemet Franc, luego, la Tannat y por último, la Cabemet Sauvígnon que algunos años se cosecha en abril. Si quieres saber mas sobres las uvas y sus propiedades te recomendamos visitar plantas medicinales tiene notas muy importantes.
La conducción del viñedo.
Los viñedos uruguayos son conducidos con diferentes estilos: espaldera baja o alta, lira y, en menor medida, parral. En el pasado, los viñedos se desarrollaron utilizando la espaldera baja, de tres alambres tendidos entre postes, que alcanzaban aproximadamente un metro de altura. Sin embargo, al momento de la reconversión se optó por la espaldera alta, que alcanza los dos metros, o la lira, donde la planta se conduce en forma de V, en dos versiones: cerrada o abierta. Los resultados conseguidos con ambos sistemas han sido satisfactorios y los dos tienen defensores y detractores, pros y contras. Ambos estilos están en un periodo de investigación y los viticultores tratan de determinar cuál tiene mejor comportamiento. Lo importante es lograr en cada uno el adecuado equilibrio entre follaje y producción. El sistema más eficiente es aquel que combina una buena exposición solar de las hojas y los frutos, con una aireación suficiente para disipar la humedad excesiva.
La región uruguaya.
Son tres los factores de mayor incidencia en el cultivo de uvas de calidad: las condiciones climáticas, las características del suelo y la cultura vitivinícola de los habitantes de un país o región. Si los trabajadores del sector saben sacar provecho de las ventajas naturales podrán elaborar buenos vinos.
Las heladas de agosto y setiembre son las que perjudican la vid.
En la mayoría de los casos, los viñedos que son exigidos para brindar mayor cantidad de kilos por hectárea no son capaces de producir la mejor fruta. Cuanto mayor es el rendimiento, menor la calidad. Hace ya unos cuantos años que los hombres del vino saben que esto es así. No existen reglas generales para determinar la carga óptima de producción, ya que ésta depende del terreno, del clima, de la cepa cultivada y del sistema de conducción elegido. Los viticultores establecen esa cantidad para cada viñedo, experimentando año tras año, por prueba y error, hasta llegar al objetivo requerido. Existe una constatación surgida de la observación de la realidad: los mejores vinos del mundo provienen de viñas que producen pocos kilos por hectárea. El viticultor moderno regula la producción, por ejemplo, eliminando los racimos que considera excesivos. La planta se concentra, entonces, en alimentar menos granos. Esta operación llamada rateo, se practica normalmente cuando a los frutos les llega el envero, o sea, cuando ha comenzado la maduración.
Las formas de conducir el viñedo.
Las apreciaciones de Varron son un capítulo más acerca del largo proceso de experimentación en el cultivo de la uva. La manera de plantar y guiar las plantas de la vid se llama conducción del viñedo. A través de los siglos, en las distintas zonas vitivinícolas del mundo, fueron’seleccionando. por prueba y error, aquellas formas de domesticar el viñedo que, en sus particulares condiciones climáticas, permitieran la mejor iluminación, insolación y aireación de hojas y racimos. En algunas zonas cálidas se utiliza el parral igual al de las casas, aunque tendido a menor altura. El método consiste en inducir a la planta a subir hasta los dos metros para conducirla luego en forma horizontal, formando un techo vegetal que protege al racimo de la insolación excesiva. Otro estilo de conducción consiste simplemente en dejar a la vid desarrollarse de manera libre, sin alambres de soporte, pero influyendo en la hechura de la planta con la poda en forma de vaso. En Uruguay los estilos más comunes de conducción del viñedo son la espaldera, que puede ser alta o baja y la lira. También se utiliza el parral.
EL VIÑEDO ARGENTINO.
Salvo pocas excepciones, el viñedo argentino, que cubre una superficie de 315.000 hectáreas, se extiende a lo largo de la Precordillera de los Andes, de norte a sur, desde la provincia de Salta hasta el valle del Río Negro, es decir aproximadamente desde el paralelo 25 hasta el paralelo 38. Con todos los matices y los microclimas que se pueden presentar en tal distancia, las condiciones ecológicas no varían fundamentalmente. Los inviernos presentan días y sobre todo noches frías, los veranos son cálidos, por supuesto, más al norte que al sur. El cielo está luminoso la mayoría de los días del año. La altitud varía de 800 a 400 metros, término medio. Caen de 150 a 300 milímetros de lluvias anuales. La humedad ambiental es mínima. Se trata, pues, de un clima semiárido. El suelo es de naturaleza arenosa-arcillosa con una buena proporción de arena, a veces de pedregullo, poco humus.
Plantacion de la vid.
Además de las condiciones del clima, una uva de buena estirpe requiere un suelo apropiado para dar lo mejor de sí. La tierra donde se implanta el viñedo tiene una influencia tan vital como el clima en la obtención de fruta de calidad. La combinación adecuada de ambos, que se da en las mejores regiones vitícolas del mundo, permite producir los grandes vinos de nivel superior. A lo largo de la historia, el hombre aprendió que las preferencias de la vid se orientan hacia los suelos poco fértiles, profundos, sueltos y con buen drenaje, ya que la buena uva se da en plantas de importante desarrollo radicular. El viñedo puede producir hasta en la arena como sucede en Portugal. Las cepas para la elaboración del Colares, considerado uno de los mejores tintos de ese país, crecen implantadas en las playas del Atlántico, tan cerca del mar como es posible. Este suelo, compuesto en su totalidad por arena, impide el desarrollo de la filoxera y las plantas se multiplican sin injertar. Por el contrario, en una tierra en la cual las raíces encuentran rápidamente los nutrientes, en un suelo rico en humus, nace una planta de follaje exuberante, pero con exceso de frutos pobres en aromas y sabores.
Cultivo de la vid y sus enfermedades.
La humedad favorece el desarrollo de las enfermedades. Sin embargo, el hombre ha desarrollado prácticas culturales que permiten mantener la sanidad de los viñedos. No obstante, en lugares muy húmedos como en las regiones vitivinícolas del sur de Brasil, la obtención de uvas en buenas condiciones de sanidad se transforma en un reto que no se puede vencer todos los años.
La vid reacciona positivamente al descenso de temperatura que se produce a partir de la caida del sol para retomar su trabajo en pos de una mayor complejidad de sus frutos. Es por eso que en Mendoza, Argentina, una zona caracterizada por altas temperaturas durante el estio, se procura desarrollar los nuevos viñedos en las zonas altas, de veranos no tan calurosos y de noches frescas para favorecer el desarrollo de un fruto aromático y de color intenso. También en Chile, la viticultura se fue trasladando a zonas templadas. En particular, en los últimos diez años, el valle del Casa-blanca se ha transformado en el lugar preferido para la implantación de variedades blancas de calidad. Su clima, benigno, es refrescado por las brisas del océano Pacífico.









