El Instituto de Vitivinicultura, en un loable esfuerzo para poner orden en las apelaciones que los usos locales habían vuelto bastante fantasistas, ha establecido una lista de los cepajes con sus verdaderos nombres. La doy a continuación para los más curiosos.
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El parral tiene una desventaja, el monto de inversión. Pero tiene muchas ventajas: protege algo la vid contra las heladas porque los racimos se encuentran a casi dos metros de altura y las heladas son más sensibles al ras del suelo que a un metro de altura, aleja los racimos de las malezas y de la humedad del suelo, lo que las hace desarrollarse más sanas, las protege del sol pues crecen debajo del parral y las hojas forman como un techo liviano.
En algunos países, la ley prohibe por ejemplo rendimientos de más de treinta o cuarenta hectolitros por hectárea. En la Argentina, ni qué hablar de poda corta o de limitar por ley el número de yemas. El viñedo argentino está ahora en un período de peligrosa extensión, no solamente en hectáreas, sino en rendimiento. Desde hace unos veinte años, la conducción de la viña en parral se ha generaliado
Tercera particularidad: la poda. Todos los viñedos de uva fina se podan en poda corta, es decir que a un pie se le deja un número muy limitado de yemas para que toda su fuerza contribuya a dar más azúcar a la uva y a concentrar sus cualidades organolépticas. Puede llevarse en forma de copa, sin alambre, o en espaldera chica con uno o dos alambres, pero el sistema de poda tiende siempre a la misma finalidad, dejar pocas yemas en producción.
La segunda particularidad es que el viñedo argentino es un viñedo de llanura, de llanura alta, en Mendoza por ejemplo, entre 600 y 800 metros de altitud sobre el nivel del mar, menos en San Juan y en Río Negro. En Europa, los viñedos de uva fina prefieren las ondulaciones de las colinas, de las “cotes”. Una francesa que, por el año 1930, visitaba por primera vez la provincia de Mendoza exclamaba:
Así el viñedo argentino se asienta según la siguiente proporción: Mendoza (que incluye la zona de San Rafael y General Alvear) 71,46 °/0; San Juan, 17,88 °/o, Río Negro y Neuquén, 5,01 % y las otras regiones, 5,65 %
¿Bajo qué forma se presenta este viñedo? Lo pregunto porque es muy interesante comparar desde los puntos de vista agrícola y económico el viñedo argentino, con los de las otras partes del mundo, principalmente si pretendemos estudiar la producción de los vinos finos.
En las Indias y Tierra Firme dice el P. Acosta no se dan vinos ni uvas. En Nueva España hay parras y llevan uvas pero no se hace vino sin duda por no madurar del lodo las uvas por razón de las luvias de julio y agosto y no se las deja sazonar. Es un contraste con Chile y Perú pues el mismo cronista afirma: En el Perú y Chile donde hay viñas y se hace vino y muy bueno y que cada día crece porque se entiende mejor el modo de hacerse. Se cultivaron variedades diferentes.
Podemos afirmar que la vitis vinífera llegó a América por primera vez cuando fue traída, personalmente, a las Antillas por Colón en su segundo viaje. Ello consta en el Memorial del Almirante a los Reyes que elevara por medio de D. Antonio de Torres.
Dicho documento, entre otras cosas, dice textualmente así: .. y de unos poquitos de sarmientos que se pusieron es cierto que no hará mengua el andalucía ni el Sicilia aquí.
En América existía sin duda vitis silvestris pero vitis vinífera fue introducida en América del Sur por los conquistadores españoles. Según el Dr. Emilio Maurin Navarro, numerosos documentos del Archivo de Indias prueban que la vitis vinífera llegó por primera vez a América, traída a las Antillas por Colón en su segundo viaje.
Los romanos llevaron los útiles y métodos de cultivo. A los galos de esta comarca pertenece la invención del tonel que reemplaza a las ánforas a partir del reino de Marco Aurelio (160-181 de nuestra era). Así los toneles de Nancy (capital de Lorena, muy próxima a Alsaciai que pueblan nuestras bodegas, son hijos de una larguísima genealogía.










