Bodega para vinos: si en el norte se cultiva la uva tinta, en el sur crecen los viñedos de cepas blancas. Están implantados en La Puebla, Canelones, en tomo a la bodega, donde el calor del verano no empuja las temperaturas a niveles tan altos como los de La Caballada. De esta manera los vinos blancos que elabora Vinos Finos H. Stagnari -Gewürztraminer, Viognier y Chardonnay- conservan una acidez fresca y natural. En el año 2000 culminó la construcción de la nueva bodega, exclusiva para la elaboración de vinos finos, equipada con tecnologia adecuada y con una capacidad para 300.000 kilos de molienda. Los tintos que elabora Stagnari son de gota, es decir se descartan los de prensa, con maceraciones en tanques inoxidables de 12.000 litros de capacidad, de al menos 20 días. La crianza se realiza en barricas de roble francés nuevas de 220 litros de capacidad, por un periodo superior a un año, antes del embotellado. La nueva línea de vinos de corte, llamada Dinastía, incluye un tinto y un blanco.
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Segura Viudas.
UBICADA EN EL FÉRTIL ENCLAVE DEL PENEDÉS, ENCONTRAMOS LA HEREDAD SEGURA VIUDAS. Entre dos pequeños ríos, el Anoia y el Riudebitlles se extienden sus ciento ochenta hectáreas de tierras calcáreas, permeables y con buena retentiva, situadas a una altura de entre 150 y 5 0 0 metros. Una tierra protegida por las montañas de Montserrat e influida por la brisa del Mediterráneo donde las cepas crecen fuertes y sanas sin necesidad de apoyo alguno. Así lo demuestra que se haya elaborado vino en esta región desde antes de la llegada de los romanos, lo que la convierte en una de las áreas vinícolas más antiguas del oeste del Mediterráneo. Fruto de esta tradición de cultivo de la vid, en 1969 nace la marca Segura Viudas, actualmente una de las marcas españolas más premiadas en catas nacionales e internacionales. Y, seguramente, la que mejor encarna el espíritu de las cepas, la lluvia, el viento y el sol del Penedés.
Obtención de calidad: meta del viticultor.
“Una objeción que se le hace al cultivo de la vid es que los costos son mayores que los beneficios”. Esta afirmación se remonta al siglo IIIAC y pertenece al romano Marco Terencio Varron que relacionaba el costo de la uva con el tipo de conducción de la vid empleado. El más barato era el utilizado en Hispania donde se dejaba crecer la vid, arrastrándose sobre la tierra o sujeta por unas horquillas enterradas cada tanto, para despegarla del suelo. En el Lazio se instalaban estacas o cañas para sujetar las vides, un procedimiento que requería mayor cantidad de mano de obra para colocarlas y también para realizar la poda anual, lo que aumentaba los gastos Por último en otras regiones se aprovechaban los árboles para que las vides crecieran sujetándose a ellos. En la época de la vendimia los esclavos trepaban a los árboles para hacer la recolección.
Suelos aridos y fertiles.
Cuando el objetivo es producir vinos finos, conviene implantar las cepas en suelos de baja fertilidad. Los europeos definen a la vid como una planta “redentora”, ya que crece y da sus mejores frutos en los terrenos.
En los suelos pobres, la vid hunde profundamente sus raíces en busca de agua y alimento. Las raíces de la planta joven (arriba) tienen menor desarrollo que la de una vid añosa (derecha)
más pobres, donde no es posible desarrollar otros cultivos, pues no serían rentables. Es en ellos, paradójicamente, donde se obtienen las uvas con mayor concentración de aromas, color y taninos, capaces de dar los mejores vinos del mundo.
Precios de botellas de vino.
No estoy en contra de la libertad, más que todo tratándose de un artículo de lujo, pero tengo todo derecho de señalar y condenar tal abuso y de apreciar la forma de actuar de los restaurantes europeos donde una botella de vino fino se paga casi al mismo precio que en el almacén y sin la sobrecarga de un laudo pesado.
En cualquier restaurante de cierta categoría una botella de vino fino cuesta el doble de lo que vale en un almacén. Sin embargo las bodegas o los distribuidores consienten a los restaurantes el mismo descuento que a los almaceneros que, seguramente, es del orden del 30 %. 30 % de descuento, 100 % de aumento sobre los precios al público, a los cuales hay que agregar 22 % de laudo que no se debe cobrar sobre las bebidas pero que, por mala costumbre, siempre se carga en la adición. Tomemos el ejemplo de una botella que cuesta 2.000 pesos en al almacén. El propietario de un restaurante la paga 1.400 pesos y la vende a 4.000 Diferencia en más: 185 °o. Si agregamos el laudo el precio se eleva a 4.880 pesos. Diferencia en más: 248 %. Tal es el sobreprecio que los consumidores argentinos y los turistas extranjeros pagan por cada botella de vino fino que consumen en los restaurantes.
En materia de vinos finos, en condiciones de rendimientos mucho más elevados y de cuidados de la viña menos onerosos, estamos, con precios que van de 1.500 pesos a 10.000 pesos la botella, a la par de los buenos vinos europeos.
Entre septiembre y octubre de 1978, el precio del vino de mesa en las bodegas de traslado o las cooperativas pasó de 18.000 a 28.000 pesos el hectolitro, a principio del año, costaba 30.000 pesos.
Estas bruscas variaciones me asustan. Entiendo Que viticultores y bodegueros deben ganar dinero.
ero tuve, en otros países, la experiencia de grandes negocios realizados a base de alzas rápidas y do ÍUerte valo”zación de las existencias. Cuan-n° baJaban los precios no soportaban la deflación, m Slquiera la estabilización, y conocían períodos v difíciles para no decir más.
Donde los márgenes de ganancia escapan a toda normalidad es en los precios de los vinos finos en los restaurantes. Me dijeron que eso es un tema tabú, que ni los bodegueros, ni la Secretaría de Comercio o el Instituto de Vitivinicultura se atre ven a tocar. Razón de más para que yo lo haga.
Buen clima para el vino.
No hay duda de la influencia fundamental que tiene sobre la vid y su ciclo vital el clima de la región donde crece. La temperatura regula en primavera la brotación y la floración, en invierno, la entrada en reposo. La influencia del sol es decisiva en la concentración de los azúcares y disminución de tos ácidos que tendrá la fruta, así como el exceso de lluvia en la dilución de aromas y sabores.
El hollejode uva o piel juega un papel decisivo en la formación del vino ya que en él residen los componentes responsables de sus dos cualidades más relevantes: el color y los aromas. También contiene las sustancias que actúan en la fermentación. El hollejo cambia de color durante el envero; deja de ser verde y se torna amarillo en las uvas blancas y rojo violáceo en las tintas. Esos pigmentos pasarán al vino durante la maceración. A medida que avanza el verano y el grano de uva madura se desarrollan los aromas que se concentran sobre todo en la piel. Ellos aportarán al vino el carácter varietal que diferencia, por ejemplo, un Cabernet Sauvignon de un Tannat. La parte externa del hollejo está recubierta por una capa cerosa, llamada pruína, de vital importancia para la elaboración del vino porque en ella se van depositando las levaduras capaces de fermentar el azúcar.
La uva esencia del vino.
El grano de uva está formado por la piel u hollejo, la pulpa y las semillas. La pulpa es la parte más importante pues contiene los azúcares que, al ser fermentados por las levaduras, se convertirán en alcohol y darán nacimiento al vino. La pulpa, compuesta en su mayor parte por agua (800 gramos por litro) y azúcares (180 gramos por litro), contiene además los ácidos tartárico, mélico y cítrico que llegan a sumar 10 gramos por litro. La proporción en que se presente cada uno de esos componentes tendrá influencia sobre el producto final.









