La segunda comenzó en la década de 1970 cuando Juan Carrau Pujol fundó su propia empresa con la finalidad de elaborar sólo vinos de alta calidad. Fue esta una idea temeraria en una época en la que unos pocos soñadores se arriesgaron a afrontar las dificultades productivas de la coyuntura. Con el ánimo de marcar el perfil de excelencia, bautizó el recién creado establecimiento como Vinos Finos Juan Carrau. Los viñedos de la empresa anterior que quedaron en sus manos estaban ubicados en Canelones, en la zona de Las Violetas.
Como eran insuficientes para abastecerse Juan Carrau Pujol concibió otra idea audaz: buscarlos suelos ideales para implantar nuevas vides. Para encontrarlos contó con el auxilio de expertos de la Universidad de Davis, California, quienes eligieron Cerro Chapeu en Rivera, un punto del territorio nacional, alejado de las regiones vitícolas tradicionales. Se trata de una zona quebrada, de buen drenaje por sus terrenos inclinados y con gran porcentaje de arena en su suelo rojizo, capaz de absorber rápidamente el agua de las lluvias veraniegas.


