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Planta de la vid

Régimen de lluvias.
La vid es una planta xerófila. Esto quiere decir amante de lo árido, adaptada por lo tanto a tos climas secos, en los que la medida de la lluvia se mantiene entre los 400 y los 600 milímetros anuales. El exceso de precipitaciones, en particular en el período final de la maduración constituye un factor adverso que deben afrontar los viticultores. Para contrarrestar los efectos negativos de la abundancia de agua se buscan los suelos más permeables y con pendientes, que permitan el buen drenaje de la lluvia. Esto se complementa a veces con el sembrado de gramíneas entre filas, con el fin de que compitan con las raíces de la vid en la absorción del agua.

Ciclo de la vid

Ciclo de la vid

El ciclo de la vid.
Si se visita la viña en invierno el verde está ausente y sólo las ramas grises tendidas en los hilos de alambre, en apariencia dormidas, recuerdan la presencia de una usina vegetal que meses antes se cargaba de granos. En primavera, en cambio, ese paisaje cambia drásticamente preparando la aparición de los racimos. La planta repite año tras año, un ciclo biológico que la lleva desde el reposo invernal, en el que se despoja de sus hojas y no da ninguna señal de vida, hasta la completa maduración de los frutos.