La lluvia veraniega, sobre todo en época de cosecha “diluye” la uva, pues las raices absorben demasiada agua que aumenta el volumen de los granos en forma desmedida. El resultado será un fruto insípido, de menor concentración de aromas y sabores y con bajo potencial alcohólico. Sin embargo, un viñedo al que se le entresacaron los racimos soporta mejor un mal verano que el que tiene demasiada carga. El raleo y la buena poda ayudan a contrarrestar la escasez de sol y la superabundancia de agua.



