En las primeras décadas del siglo XIX, tanto en el tiempo de la lucha por la independencia, como durante el proceso de consolidación del Estado, fueron excepcionales los períodos de paz propicios para el desarrollo de la agricultura. Existen documentos sobre la existencia de algunos viñedos como el de Bella Vista, de propiedad de Gibernau quien elaboró sus primeros vinos en 1834 los que fueron servidos a Manuel Oribe en la toma de mando de su segunda presidencia, el 10 de mayo del año siguiente.
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Los textos más antiguos que se conocen sobre viticultura en la Banda Oriental corresponden al Presbítero José Manuel Pérez Castellano. El religioso, montevideano, hijo de padre y madre oriundos de Canarias compró en 1773 una chacra a orillas del arroyo Migue-lete donde plantó dos tipos de uva. En sus escritos expresa desilusión porque los granos “se picaban de una viruela negra”. También recuerda la drástica decisión de su abuelo paterno que arrancó de raíz su viña porque las uvas no sazonaban bien por causa de la humedad y él “no podía nunca hacer de ellas un vino que se semejase, ni de lejos al de la isla de Tenerife de donde era natural”.
La tercera corriente vino de Chile. Se fundaron las ciudades de Mendoza (1561) y San Juan (1562) en Cuyo. La vid prosperó entonces en todo el país. La variedad más cultivada era probablemente la que llamamos ahora la criolla grande que fue llevada a Córdoba por Llavera y a Río Negro por Fur-que. En La Rioja, el cultivo de la vid es también muy antiguo.
Una segunda corriente vino del Perú donde la vid se cultivaba con éxito desde el año 1533. El principal protagonista de esta corriente fue Núñez de Prado que penetró por el norte argentino llevando semillas, estacas, útiles de labranza (1550). Tres años después, se fundaba Santiago del Estero. Sin embargo, como lo dijimos, las plantas de vid no fueron llevadas a Santiago desde Perú, sino desde Chile.
¿Cómo se llevaban las primeras plantas?
¿Se reprodujeron por semillas, como a veces se afirma, o lo fueron por estacas?
Hay numerosas constancias de como se llevavaron y existen los nombres de las naos y de los maestres que las condujeron.
Ellas se colocaban en grandes pipas o toneles, seccionados por el medio, con la parte abierta para arriba, se los rellenaba de tierra y se los colocaba en las cubiertas de los navios, llevando allí la mayor cantidad de sarmientos y plantas vivas posibles.




