Rosado clásico: del tinto al blanco.
Un proceso más esmerado consiste en seguir la técnica de elaboración de los vinos tintos, en cuanto al tratamiento inicial de la uva cosechada y la técnica de elaboración de los vinos blancos durante la fermentación. En primer lugar se le quita al racimo la parte leñosa, se muele la uva y se envía el mosto a una pileta donde se deja el jugo en contacto con los orujos por un período variable. El enólogo decide cuál es ese lapso, que depende de la cantidad de color que quiere extraer y que, en general, varia entre 12 y 24 horas. En ese tiempo se puede evitar la fermentación manteniendo el mosto a baja temperatura. Otro método es permitir que fermente para que, una vez que se forme el sombrero (la cascara sube a la superficie por efecto del anhídrido carbónico que se desprende), realizar el sangrado que consiste en separar el jugo coloreado de los hollejos. Este jugo coloreado, separado del orujo, sigue el mismo proceso de vinificación de un blanco, tratando de mantener la temperatura de fermentación a niveles bajos. Luego se le aplican los mismos tratamientos de frío, filtrado y eventual adición de anhídrido carbónico en el momento del embotellado para darle frescura.
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Jueves, diciembre 16th, 2010 | Author: Administrator
Viernes, octubre 16th, 2009 | Author: Administrator
Hoy el rosado, este vino comodín, está de moda y lo entiendo muy bien. Pero hay dos clases de rosados, hasta tres. Ciertos rosados se obtienen por la fermentación en conjunto de uvas blancas y de uvas tintas. Resulta un vino, fermentado como un tinto, pero que, por ser muy claro, se llama rosado. Graffigna y Giol proceden así. Otros cortan sencillamente blancos y tintos. Muchos vinos rosados comunes son el resultado de estos cortes, pero ocurre lo mismo con los vinos finos, por ejemplo el rosado de Rodas.

