Cuando el vino ha pasado un año en pileta se saca una muestra que se manda al Instituto de Vitivinicultura que lo certifica como vino fino. En general, después de este año en que el vino se estabiliza, se lo pasa a toneles. Prácticamente, todos los toneles son de roble de Nancy. Su capacidad varía entre 50 y 200 hectolitros, aunque en la bodega Arizu, de Villa Atuel vi un recipiente de madera de 570 hectolitros. Por más imponente que parezca, es un simple barril al lado de esos monstruos que son el tonel de Heidelberg, en Alemania, cuya capacidad es de 735 hectolitros y aquel otro realmente “kolossal”, el de Ludwisburg que contiene 900 hectolitros. Estos dos gigantes fueron construidos en 1790. Los artesanos de aquel tiempo sabían trabajar la madera.
