Lenguaje del vino.
Amor: no se emplea en Argentina. Vino con riquísimo bouquet.
Aroma: olor agradable cuyo bouquet es la expresión más refinada.
Áspero: astringente, rudo, difícil de tragar.
Astringente; se “agarra” a las encías. Cargado de lanino.
Bouquet: quizá la palabra más empleada. Se refiere a la vez al olor y al gusto del vino. La calidad más codiciada de un vino fino.
Capitoso: rico en alcohol, sube a la cabeza. Cargado: espeso, demasiado oscuro.
Carnoso: se dice de un vino que tiene cierta consistencia.
Casse: enfermedad del vino que lo vuelve turbio (casse férrica o casse cúprica).
Completo: equilibrado, presenta un conjunto armónico de cualidades.
Común: sin carácter definido. En lugar de vino común, ahora se habla de vino de mesa.
Cru: palabra francesa de uso internacional. Es el terruño donde crece la viña, un espacio más bien reducido.
Cuerpo: otra palabra muy empleada. Se dice de un vino que tiene fuerza, sustancia, lo contra rio de un vino liviano, débil. Calidad para los tintos, no siempre para los blancos.
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EL LENGUAJE SOFISTICADO DEL VINO.
El vino tiene su lenguaje particular, bastante sofisticado. Raymond Dumay en su libro “Gvide du Vin” (Guía del vino) cita 97 palabras que se utilizan para describir un vino y precisa que sacó varias definiciones del “Vocabulaire” (vocabulario) publicado por Camille Rodier en su obra Le vin de Bourgoyne (El vino de Borgoña). Como frente a tales autoridades me siento como un alumno, voy a conformarme por traducir, lo mejor que puedo, pues no es nada fácil, los términos citados por Raymond Dumay (en realidad no se trata de una traducción, pero más bien de una adaptación):
Acerbo: vino elaborado con cepas de mala calidad o que no llegaron hasta su madurez. Vino duro, áspero, ácido.
Afelpado, aterciopelado: vino que contiene mu-cha glicerina y materias gomosas. Agradable, al pasar por las mucosas. No se debe confundir con los vinos abocados que son vinos azucarados artificialmente.
Agrio; Sabor ácido muy pronunciado. Amargo: no necesita comentario. Vinos con gusto amargo se dan con uvas procedentes de suelos demasiados cargados de sales, cloruro de sodio o cloruro de magnesio.




