Casi todos los grandes vinos tintos y la mayoría de los blancos y rosados se elaboran para acompañar las comidas. Sin embargo, existen vinos que se pueden beber solos, que no necesitan compañía y que se consumen en cualquier momento del día. Puede ser al atardecer, después de terminada la jornada de trabajo, en una noche de verano, durante una conversación entre amigos. Estos vinos deben ser ligeros, suaves y fáciles. Hay que evitar los blancos y rosados muy ácidos y los tintos muy tánicos. En estas circunstancias, por lo general se prefieren los blancos y rosados frescos para el verano y los tintos jóvenes y frutados para el invierno, aunque tampoco en esto hay leyes.
Hay, sin embargo, un vino especial que no requiere ningún acompañamiento: el espumoso natural, elaborado según el método tradicional o método champe-noise. Se atribuye a la viuda de Jacques Bollinger, quien continuó al frente de la famosa casa productora de Champagne después de la muerte de su esposo, la siguiente frase: “Sólo tomo Champagne cuando estoy feliz o cuando estoy triste, a veces tomo cuando estoy sola, cuando tengo visitas lo considero obligatorio, también lo bebo cuando no tengo hambre; en otras ocasiones nunca lo pruebo a menos que tenga sed y definitivamente lo bebo para acompañar mis comidas”.


