PROVINCIA DE SAN JUAN ZONAS VITÍCOLAS.
De la zona de San Juan, los expertos dicen que, económicamente, es la más favorecida de toda la Argentina. Al llegar de Jáchal. de lo alto de la barranca, se ve una inmensa extensión de cultivos, en su gran mayoría viñas, sobre ambos márgenes del torrentoso río San Juan. Había visto otra vez el río San Juan, pero nunca con el caudal abrumador de este verano del año 1973. Las aguas turbias se precipitan en el lecho y no dejan ver ni un solo banco de arena. En las orillas todo es verde, hasta las malezas que nunca, por supuesto, reciben riego. La falta de agua, que es la pesadilla de los viticultores sanjuaninos, no es de temer este año.
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Empiezo por el principio pero no con lo más destacable, ni en cantidad, ni en calidad. En la producción vitivinícola del país, el viñedo cordobés es como un apéndice, un capítulo aparte. Cubre unas 1.600 hectáreas lo que representa el 0,53 por ciento de la superficie total destinada a este fin. Sin embargo, la bodega de la Cooperativa Colonia Caroya se cuenta, por su capacidad, entre las diez más importantes del país.
La vid fue introducida en la provincia por los jesuítas hacia el año 1620. Construyeron la primera bodega y de esta bodega salieron los primeros litros de vino de América que fueron servidos en la Corte del Rey de España. Se decía de ellos que eran del tipo “lagrimillo”, que seria vino de gota. Los jesuítas llegaron a fabricar botijas y botijones para la conservación del vino que producían y plantaron 48.000 cepas. Lo recuerda el muy interesante folleto que publicó la Cooperativa Caroya.
En la Argentina, en tiempos de la colonia, se empleaban estos dos recipientes que tenían el grave inconveniente de desmerecer el gusto del vino pues era necesario embadurnar sus paredes interiores para impedir las pérdidas.
En Cafayate se ven todavía antiguas ánforas. Me dijeron allá que los españoles ponían en el ánfora un jamón serrano. La grasa se separaba del jamón y flotaba en la superficie aislando el vino del aire. El jamón debía resultar suculento.
Tengo además que hacer una aclaración. La ampelografía de las viñas argentinas no está todavía perfectamente definida. Se llama ampelografía la ciencia que permite determinar y nombrar con toda seguridad tal o cual variedad de vid según sus características, forma de hoja, disposición de las nervaduras, apariencia de la madera, largo entre los nudos, aspecto del racimo, etc. Varios sabios ampelógrafos vinieron a Argentina.
Vinos de argentina
En Buenos Aires el Cabildo subía y bajaba los precios según sus caprichos. En 1620 los precios eran de 14 pesos la arroba para los vinos de Castilla, 12 pesos para los del Paraguay, 10 pesos para los de Chile (Cuyo). El mismo año se rebajaron los precios a 12, 10 y 6 pesos, respectivamente, “siendo bueno (el vino) no toca y amadreado a vista de moxon”.
Vino argentina
Durante todo el tiempo de la colonización, el cultivo de la vid prosperó difícilmente por falta de comunicación entre las provincias de Cuyo y el resto del país, y tamhién por las innumerables trabas que obstaculizaban su comercio. Para ir desde Mendoza o San Juan a Buenos Aires, cada arroba de vino debía pagar un derecho de entrada y uno de salida en cada provincia que atravesaba.





